SAN
GINES DE ARLES
Arlés es una ciudad francesa ubicada
en las Bocas del Ródano, el viejo río
que nace en Suiza, tras los Alpes, y cruzando
el lago Lemán, baña un sinnúmero
de pueblos y ciudades, entre las que se destacan
la culta Lyon y Aviñón, la antigua
sede temporaria del papado romano.
Precisamente, Arlés nació como
colonia griega y siguiendo el proceso de la
cultura de Occidente, vivió su periodo
de dominación romana cuando era el principal
poblado de la provincia de Provenza, tiempo
del cual quedan aún los testimonios de
sus seculares ruinas, como el anfiteatro también
conocido por la Arena donde siglos después
fuera hallada la estatuilla llamada La Venus
de Arlés, el Teatro, el acueducto de
barbegal y las termas. Arlés, en la cuarta
centuria del cristianismo, fue Sede de los concilios
de los años 314 y 353, lo que habla de
su aquilatado predicamento religioso.
Allí nació, en los albores del
siglo V, el sensible Ginés, quién
desde muy joven adoptó la profesión
de notario, oficio que asumió con responsabilidad
y decidida vocación de servicio.
Cuenta la tradición que los tribunales
de Arlés, supieron de su trajinar en
el diligenciamiento de los papeles y expedientes,
celoso en el cumplimiento del arte notarial,
todo un distingo moral para el concepto ético
de la época. Se trataba de una fina personalidad
afanada en el ejercicio de preciosas virtudes
humanas.
Dice la hagiografía, es decir la historia
de los santos, que cierta vez un juez le ordenó
que escribiese una provisión cuyo contenido
mandaba que todos los cristianos, sin distinciones,
fuesen inmediatamente muertos en cualquier lugar
donde se los encontrase. Tamaña resolución
impacto en el espíritu de Ginés,
quien aunque miraba con simpatía a los
seguidores de Cristo, no participaba decididamente
de su culto. Su respeto por la persona del prójimo
lo conmovió, al punto que ganado por
una súbita indignación, sin poder
contenerse, arrojó a los pies del magistrado
los instrumentos de su oficio -el papel, el
sello y la péndola- que siempre llevaba
consigo. La delicadeza de su alma no podía
soportar semejante crueldad, reñida con
toda idea de justicia.
Desencajado y ante el evidente disgusto el juez,
abandonó el lugar. Sin tardar fue perseguido
por oficiales romanos, con la indicación
terminante de darle muerte. Ginés embargado
ya por los sentimientos cristianos, se dirigió
de inmediato en busca del obispo para que le
bautizase y poder así enfrentar con la
posesión sacramental de los atributos
de la fe el terrible momento que le acuciaba.
Sin embargo y por causas que no han llegado
hasta nosotros, el obispo no quiso darle las
aguas bautismales, pero le advirtió que
muriendo por Cristo alcanzaría la vida
eterna, tal es la trascendencia que se le ha
dado siempre al holocausto por martirio.
Con la premura de la angustia, Ginés
eligió la otra orilla del Ródano
como sitio de refugio y hacia allí se
encaminó. Pero pronto lo localizaron
los esbirros del Juez, quienes lo asesinaron
sin preámbulos, dejando su cuerpo tendido
en el suelo, bautizado ya por obra y gracia
de su sangre derramada.
Una vez retirados sus matadores, se acercaron
algunos cristianos, quienes alzaron sus despojos
y los transportaron nuevamente a la ribera opuesta
del río, donde le dieron sepultura en
su reciente condición de fiel a Cristo
testimoniada por el martirio, muy probablemente
en el cementerio de Alyscamps, cuyos relictos
todavía pueden observarse. Ginés
de Arlés, notario cristiano, murió
dando fe de su fe, el 25 de agosto del año
430.
En 1788, los escribanos de número de
la ciudad y puerto de Santa María de
los Buenos Aires, por escritura pública
crearon, colocándose bajo la protección
del Santo un "arca" con el propósito
de reunir fondos para afrontar "los agravios
que se puedan inferir" y como modo de prevención
ante las contingencias de la vida.
El acta dispone la fundación de la Hermandad
de San Ginés de Arlés, con fondos
de los derechos de "comprobaciones",
que deberían guardarse en una "arca
grande" con tres llaves, cada una en poder
de un escribano diferente. La Hermandad de San
Ginés obtuvo un altar lateral de la Iglesia
Catedral, donde por lo general un sacerdote
hijo de escribano oficiaba la Santa Misa en
festividades especiales, entre ellas el día
del Santo Protector.
La Hermandad de San Ginés de Arlés
fue el primer antecedente de colegiación
notarial en el actual territorio argentino.-
Transcripción parcial del artículo
publicado por Carlos A. Ighina en "El Notario",
año 1, Nº2, mayo de 1999. Revista
editada por el Colegio de Escribanos de la Provincia
de Córdoba.