Hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares

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La hipertensión arterial (HTA) es la principal causa de muerte en el mundo y el mayor factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares (ECV). Por ello, la Caja de Seguridad Social, en el mes de la concientización mundial sobre estas enfermedades, informa a sus afiliados sobre sus principales características, síntomas y medidas de prevención.

La HTA es el aumento persistente de las cifras de presión arterial, entendida como la fuerza con la que la sangre presiona contra los vasos sanguíneos, por encima de las consideradas normales, y debido a que la mayoría de las personas hipertensas ignoran su condición por no presentar síntomas o signos de alerta, se la llama “el asesino silencioso”.

No obstante, en ocasiones puede manifestarse a través de síntomas como cefaleas matutinas, ritmo cardíaco irregular, alteraciones visuales o zumbidos en los oídos. En casos graves, la HTA puede provocar sensación de falta de aire, náuseas, vómitos, confusión, ansiedad, dolor torácico y temblores musculares.

Por ello, los profesionales médicos advierten sobre la única forma de detectarla: medir la tensión arterial periódicamente, práctica que de manera sencilla puede realizar cualquier persona con un tensiómetro automático. Es recomendable, a su vez, que un profesional valore el riesgo existente y los trastornos asociados.

Esto es importante ya que al reducir la hipertensión se evitan los infartos, los accidentes cerebrovasculares y los daños renales. Para ello, reducir la ingesta de sal, consumir más frutas y verduras, practicar actividad física regular, evitar el consumo de tabaco, reducir el consumo de alcohol y de alimentos ricos en grasas saturadas y trans, son las medidas más efectivas para lograrlo.

Por su parte, las denominadas enfermedades cardiovasculares (ECV) son un grupo de desórdenes del corazón y de los vasos sanguíneos, que incluyen además a los infartos de miocardio y a los accidentes cerebrovasculares (ACV), porque suelen ser fenómenos agudos provocados por obstrucciones que impiden que la sangre fluya hacia el corazón o el cerebro.

Entre sus principales causas se encuentra la formación de depósitos de colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos que irrigan el corazón o el cerebro, mientras que los ACV también pueden deberse a disrupciones de los vasos cerebrales o coágulos de sangre provocados por una combinación de factores de riesgo cardiovascular, tales como el tabaquismo, las dietas no saludables, la obesidad, la inactividad física, el consumo nocivo de alcohol, la hipertensión arterial, la diabetes y la hiperlipidemia.

Debido a que en la mayoría de los casos no suele presentar síntomas, la cardiopatía generalmente registra su primera manifestación en un infarto agudo de miocardio o un ACV.

En este sentido, es importante diferenciar los síntomas para detectar ambas dolencias.

El primero de los casos, se presenta con dolor o molestias en el pecho, en los brazos, hombro izquierdo, mandíbula o espalda. Además, puede haber dificultad para respirar, náuseas o vómitos, mareos o desmayos, sudores fríos y palidez, síntomas registrados más frecuentemente en las mujeres.

En el caso del ACV, sus primeras manifestaciones suelen ser la pérdida súbita, generalmente unilateral, de fuerza muscular en los brazos, piernas o cara, la aparición súbita, también por lo general de un solo lado, de adormecimiento en la cara, piernas o brazos y confusión, dificultad para hablar o comprender lo que se dice.

A su vez, también pueden registrarse problemas visuales en uno o ambos ojos, dificultad para caminar, mareos, pérdida de equilibrio o coordinación, dolor de cabeza intenso de causa desconocida y debilidad o pérdida de conciencia.

Según lo arrojado por las estadísticas, las ECV representan hoy la principal causa de muerte en todo el mundo, por ello es fundamental la detección precoz y el tratamiento temprano a través de los cambios de hábitos y/o la administración de fármacos, según corresponda.